El Padre Comandi inicia su reflexión a partir de la Secuencia que se pronuncia en la Pascua. Este cántico, Victimae paschali laudes, expresa: «Dic nobis Maria, quid vidistiin vio?» (;Qué viste, María, en el camino?).
Aquello que presenció, ciertamente, fue la mismísima Resurrección. Pero, también, vio algo mientras transitaba su camino. Y eso que vio en su camino, como cada uno de nosotros lo percibe cuando transita, es el Camino, Es el Señor el que se llama, a si mismo, Camino. Pero para este ver, tanto para María Magdalena como para cada creyente, no basta la sola luz de la razón: necesitamos del auxilio de lo Alto. Una ayuda que nos permite ver aquello que no se percibe con la pura razón natural para reconocer a Jesús como el Salvador del mundo necesitamos que, al igual que los discípulos de Emaús, la gracia sobrenatural nos «abra los ojos» (Lc 24. 31).
La historia de María Magdalena se nos presenta, nos dice el Padre Comandi, como un itinerario que, teniendo su comienzo en las tinieblas (Maria estaba poscida por siete demonios) concluye en la Luz de la Resurrección. Fue ella la que primeramente es testigo directo de la Resurrección del Señor. Vio en el Camino su propio camino, y así su vida entera se convirtió en ofrenda.
Carlos Daniel Lasa. Presentación (fragmento)
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El Padre Comandi inicia su reflexión a partir de la Secuencia que se pronuncia en la Pascua. Este cántico, Victimae paschali laudes, expresa: «Dic nobis Maria, quid vidistiin vio?» (;Qué viste, María, en el camino?).
Aquello que presenció, ciertamente, fue la mismísima Resurrección. Pero, también, vio algo mientras transitaba su camino. Y eso que vio en su camino, como cada uno de nosotros lo percibe cuando transita, es el Camino, Es el Señor el que se llama, a si mismo, Camino. Pero para este ver, tanto para María Magdalena como para cada creyente, no basta la sola luz de la razón: necesitamos del auxilio de lo Alto. Una ayuda que nos permite ver aquello que no se percibe con la pura razón natural para reconocer a Jesús como el Salvador del mundo necesitamos que, al igual que los discípulos de Emaús, la gracia sobrenatural nos «abra los ojos» (Lc 24. 31).
La historia de María Magdalena se nos presenta, nos dice el Padre Comandi, como un itinerario que, teniendo su comienzo en las tinieblas (Maria estaba poscida por siete demonios) concluye en la Luz de la Resurrección. Fue ella la que primeramente es testigo directo de la Resurrección del Señor. Vio en el Camino su propio camino, y así su vida entera se convirtió en ofrenda.
Carlos Daniel Lasa. Presentación (fragmento)